Category: El Director Opina Created on Thursday, 26 January 2012 16:34 Hits: 251
HORA CERO, (JAMES APARICIO).- El progreso a veces perjudica. Hago la afirmación a raíz de la explosión en el edificio White en la Avenida Balboa, en medio de la instalación de un calentadora de agua y una fuga de gas. No es la primera vez que estos accidentes ocurren en los nuevos rascacielos de la capital.
Lo mismo ocurre con la construcción de autopistas que limitan la movilidad de los ciudadanos y los entronques vinculados a los corredores Norte y Sur, donde barrios tranquilos son afectados por decisiones unilaterales de los desarrollistas privados o a nombre del Estado.
Cuando se abrió la ruta del Corredor Norte con Brisas del Golf, lo que era un tráfico tranquilo se convirtió en un infierno. Es un progreso que perjudica.
A nadie consultaron para tal obra, aún cuando la justificación fuese que era necesaria.
Igual con la publicidad que contamina, que ocupa isletas y áreas públicas de centros urbanos y barriadas. También en Brisas del Golf hay más de 100 dispensadores de publicidad privada frente a las residencias. Lo que está destinado a los jardínes y árboles, propiedad de quienes compraron casas en este barrio, son ahora para un inaceptable uso publicitario.
¿Consultaron a los residentes, al igual que en otras obras?
En el caso que nos ocupa, puedo confirmar que ya existen asociaciones de propietarios de edificios, PH, o rascacielos en Paitilla, Avenida Balboa y Punta Pacífica.
Varios residentes de estos edificios y sus abogados me han contado, con pruebas en la mano, que lo que compraron no es lo mismo que recibieron.
Los ministerios de Vivienda, Obras Públicas y la flamante Defensoría del Pueblo son meros espectadores de estos abusos comerciales, que podrían convertirse en criminales, ante el silencio cómplice de la sociedad panameña de ingenieros y arquitectos (SPIA) y la Cámara Panameña de la Construcción (CAPAC).
Edificios que terminados son diferentes a los planos, pisos distintos a los vendidos, acabados de poca calidad, tuberías para el agua potable y las aguas negras con diámetros menores a los que exige la carga del edificio, puertas de calidad dudosa, filtraciones de agua lluvia, filtraciones de gua de las cañerías se suman a una lista de deficiencias, irrregularidades e incumplientos por parte de contructores, promotoras y bienes raíces.
Hay torres (edifcios) que los balcones están mal construidos, porque son de poca altura o blandengues; sin dejar de enumerar la calidad de los closets, marcos de las puertas o cableado para la electricidad.
De esta tragedia deliberada no se escapan residencias con costos superiores a los 200.000 balboas o a los 600.000 balboas.
La explosión del edificio White no puede atribuirse solamente a la impericia de unos técnicos que instalaban un calendador de agua.
Ya hubo dos explosiones trágicas en edificios capitalinos, en ambos por fugas de gas y chispazos mortales.
Es increíble que no ocurra nada, que las autoridades no reacciones, que la defensoría del pueblo siga callada, como si estuviera de vacaciones permanentes.
No se puede tolerar una y otra vez que ocurran accidenes fatales, cuyas sospechas se comparten la mano humana y las malas instalaciones.
El progreso que perjudica no es progreso. Y así como el Corredor Norte y el Corredor Sur aumentaron el número de vías en la capital perjudicaron a miles de ciudadanos, los edificios con problemas de construcción están causando muchos perjuicios.
*El autor es editor de HORA CERO.