Category: Mireya Lasso Opina Created on Thursday, 26 January 2012 17:14 Hits: 236
HORA CERO, (MIREYA LASSO).- Anteriormente he comentado en este espacio sobre las intenciones de actualizar nuestra Constitución. En ambos casos he aludido a un "borrador" de reformas cuyo contenido aún no conocemos porque no ha sido divulgado por la Comisión de Notables que designó el Presidente.
Surgen ahora voces que, desde diferentes ámbitos, propugnan por una Asamblea Constituyente que elabore una nueva Constitución para reemplazar íntegramente la Constitución de 1972 y sus reformas.
Me declaro totalmente de acuerdo con la idea de que nos demos una Nueva Constitución que, con claridad meridiana, cimente ideales de libertad, desarrollo, solidaridad, justicia, derechos humanos, democracia. Explico mis razones.
Sabido es que hay tres formas de reformar nuestra Constitución, según lo dispone ella misma. La primera es mediante una ley que apruebe una Asamblea y que luego sea ratificada, sin modificación alguna, por la nueva Asamblea que se instale después de las siguientes elecciones. Esa fue la experiencia que tuve cuando tomamos posesión en 2004 y entramos a aprobar, en la primera legislatura, las reformas introducidas gracias a un acuerdo político de los partidos liderados por la Presidenta Moscoso y el Presidente electo Torrijos; entre ambos controlaron la Asamblea. Esas modificaciones me parecieron muy limitadas e intrascendentes, hechas muy a la carrera; por eso voté en contra.
Una segunda forma sería mediante una ley aprobada en dos legislaturas sucesivas de una misma Asamblea, sometida luego a referéndum popular.
Esa fue la manera cómo el gobierno pos invasión trató de introducir la prohibición de un ejército en Panamá; pero resultó que, al presentarse la propuesta del Ejecutivo al Órgano Legislativo, los legisladores de entonces aprovecharon la oportunidad para introducir toda clase de enmiendas adicionales que sólo lograron embrollar el propósito original, dando como resultado que el pueblo rechazara las reformas propuestas en el referéndum subsiguiente.
Resultó un ejercicio en vano pero recordemos que, posteriormente mediante el primer método y un acuerdo Endara-Pérez Balladares, se lograron dos reformas: la prohibición del ejército y el capítulo relativo a la Autoridad del Canal de Panamá.
Según estos dos métodos, cada uno de los Órganos del Estado –Ejecutivo, Legislativo y Judicial— tienen el poder de redactar un borrador de reformas y corresponde a la Asamblea Nacional modificarlas o aceptarlas antes de enviarlas a ratificación por la Asamblea siguiente, en un caso, o a referéndum, en el otro caso.
En el primer caso el pueblo no participa ni en la redacción ni en la aprobación; en el segundo, sólo participa con un "Sí" o un "No" en el referéndum.
El "borrador" de reformas que la Comisión de Notables ha elaborado y someterá pronto al Ejecutivo no es un documento obligatorio ni para el Ejecutivo ni para el Legislativo.
Aún tomando como buena la palabra del Presidente de que respetaría las recomendaciones de los Notables, no creo que podamos depositar nuestras esperanzas en la entereza de los diputados ni en su disposición de aprobar cualquier medida que atente contra sus privilegios e intereses personales y políticos, ni que se abstengan de introducir cuantas reformas adicionales les pueda dar por inventar.
Insisto en que los Notables, siendo personas y profesionales intachables, han sido designados directamente por el Ejecutivo y su "borrador" contiene sólo recomendaciones que pueden ser –legalmente-- modificadas o hasta ignoradas.
Por esas razones pienso que el tercer método de reforma es el que hoy necesitamos: una Asamblea Constituyente autónoma, compuesta por personas elegidas directamente por iniciativa del pueblo, con el claro mandato de redactar una Nueva Constitución que sería sometida a referéndum popular.
Es la forma correcta de sentar las bases de una Nueva República Democrática.